Sensación más rara la de ayer. Bajar por la carretera que lleva a Cañada Honda y... silencio. Tu cuerpo sabe que toca la Compra, tu mente sabe que se ha suspendido-aplazado y tu corazón pide un poco de jaleo sanjuanero. Y qué silencio. Parecía que los chiringuitos de las Peñas se habían abandonado a toda prisa, las lonas al aire y ese silencio, esa ausencia de música, de gente, de bullanga embarrada. De hecho, daba la sensación de que la pradera se había evacuado. Al otro lado, el Chicote parecía la puerta a otra dimensión en la que sí se celebraba la Compra, con mucha menos gente pero la Compra. Los toros a su bola, pasan de Compras e historias de estas que se montan los humanos, ellos rumiando y rumiando, mirando de reojo a los que nos acercábamos demasiado aprovechando la tranquilidad del momento, esquivando sus boñigas y metiendo los pies en charcos escondidos y en barro que lo cubre todo.Día extraño. Sin verbena, sin trasnochar para ir a la Comprilla, sin las cañas y litros de kalimotxo con los amigos, sin la canción del verano, sin los chiringuitos, sin las rocas a petar de gente aguardando el momento de la suelta de los toros, sin los heladeros navarros, sin patinazos, sin meriendas con los primeros cangrejos, sin resaca al día siguiente, sin...
Menos mal que los sorianos somos previsores y dejamos un domingo de comodín en el que toda esta sensación de anormalidad festiva desaparecerá. Ahora, la cosa está en que el tiempo nos respete, que últimamente está muy faltón.
>> Fotos de la No-Compra

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