domingo 30 de mayo de 2010

Desencajonado

No sé si escribir en este momento es lo más indicado. Mira que sólo iba a ir a tirar unas fotos y a comer a Soria, siesta y se acabó. Pero, me liaron. Y de ahí este dolor de cabeza, este mal sabor de boca y estas ojeras. El día empezó bien. Viaje desde Zaragoza, cruzando los dedos para que no lloviera más y el agua no terminara de convertir a Cañada Honda en la ciénaga del pantano. Como el estado de consciencia nada más llegar al monte es claro, sigues unas premisas. Recordar dónde dejo el coche, andar haciendo una mezcla de Jamiroquai y Chiquito de la Calzada para sortear el barrizal, no perder la cámara y mantenerme lo suficientemente alejado de los toros. La mayoría de estas premisas se van al garete en la cerveza número no recuerdo. Llegan los toros en sus camiones sevillanos, inundando el ambiente de ese olorcillo que tanto apetece a las 10 de la mañana. "Es mierda, nada del mundo huele como eso. Me gusta el olor de la mierda de toro por la mañana." Imagino, que si hubiera iniciado el proceso de consumición de cañas un par de horas antes habría sido inmune. Barro y olor a mierda, magnífico cóctel. Los toros, tremendos, salen a los corrales, con más o menos ganas. Alguno prefiere quedarse en el camión porque seguramente algún pariente le ha contado lo que le espera. Otro, posa ante las cámaras, mirando fijamente el objetivo. Al final, los doce se quedan trotando por la pradera mientras el resto del personal comienza la tradicional invasión de chiringuitos. Y en estas, la peña se entera que el maromo de sanjuaneando.com soy yo, un ser con cabeza, tronco y extremidades, de grasa, algo de carne y hueso. Ahí comienza el lío. Que si te invitan a una caña, que si yo invito a otra, que si me encuentro con los amigos, que si pagan una ronda, que si yo pago otra, que si foto, que si caña, que si conversación cada dos pasos, con la gente de Festejos, con el presidente de la Peña El Bullicio, con el responsable de venasoria.com, con la creadora de Mara Row y un montón más de gente buena. Y te vas liando y liando, hasta que se hace de noche, suena el móvil y te acuerdas de otra de las máximas: llamar-avisar. Y eso tiene consecuencias por todos conocidas. Así que con el barro hasta los tobillos y con el móvil haciendo de linterna, me dispongo a realizar una de las tareas más complicadas en un día de fiesta en el monte y de noche: encontrar el coche, negro para más señas. Y ahora qué recuerdo... Tío, ¿dónde dejé mi coche?

1 comentarios:

alberto dijo...

jeje, lo has descrito a la perfeccion, aun no he conseguido estar ningun año porque coincide con una romeria en mi pueblo, pero tengo unas ganas locas, a ver si me busco una soriana y asi lo tendre mas facil. un abrazo y cuidate